Es uno de los rituales más bellos que el alma salvaje puede presenciar: el de ver bailar a la luna junto con el mar. Mientras las lobas aúllan sin parar, la luna aumenta su luminosidad y la marea se altera mucho más. Las olas crecen en tamaño e intensidad, y las emociones nos revuelcan un poco, junto con el oleaje del mar. Pareciera una tempestad, pero es la danza de la vida, siempre al ritmo de la luna que nos guía con su luminosidad y nos acoge en el caos de la oscuridad. Dicen que, en este ritual, todos los seres del océano suben para ver a la majestuosa luna brillar, a las mujeres danzar y a las lobas aullar. Dicen que es un espectáculo que tiene una magia que contagia y enamora a quien lo sabe apreciar.
La Luna tiene el poder de conectar el cielo con el mar a tal punto que el límite logra desdibujar. Entonces, las estrellas confundidas no saben si tienen que nadar o volar, pero lo único que sí saben es que en ellas radica el poder de brillar, tanto en el cielo como en el mar.
Dicen que en Luna Llena se produce el festival natural más hermoso, una magia que solo la pueden sentir los que estén dispuestos a amar de verdad. Entonces, ellos pueden observar el beso eterno entre el cielo y el mar, sellando un amor fraternal incondicional.
Dicen que las lobas son testigos y responsables de esta danza sagrada. La vibración de sus aullidos les avisa a las olas que la marea va a subir, mientras que la luna, con tanta luz pesa más y, por ley de la gravedad, tiende a bajar, y ellas están ahí para sostenerla, para acompañarla cuando le pesa la tristeza e incluso cuando se llena de alegría.
