Hubo un día en que vi a una amiga en una foto, en una historia, con una hermosa trenza en su cabello y una mágica frase donde decía el antídoto de cómo abrazar la tristeza en una trenza para luego encontrarla desvanecida. Vaya Dios, cuánta sabiduría en una frase que hasta suena poesía. Me contagié y me fui a trenzar el cabello, porque ese día la tristeza me invadía y, a los pocos días sucedió al revés, siempre con mi amiga, la tristeza y la trenza en tremenda sincronía. Pues ese día le escribí para que me escribiera esa frase y ella me la compartió:
La frase más hermosa en la Tierra dice así: “Trenza tu cabello cuando sientas tristeza”. decía mi abuela, que al amanecer con el canto del gorrión, la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.
Esa frase no solo me conmovió, sino que, me sacudió el útero y afloraron todos los recuerdos que creía olvidados y más que sepultados, pero eran tesoros guardados esperando el momento preciso para ser descubiertos o revelados.
Desde ese día, sentía que esa frase latió fuerte en mí y me despertó un recuerdo donde mi abuela me susurraba algo así. Esa frase encendió en mi corazón el amor y el dolor a la vez.
Esa frase despertó una gama de recuerdos; en la mayoría, puedo ver a mi abuela reír y también puedo recordar su forma en que te acariciaba el cabello al peinar y sus variadas formas del cabello trenzar, su forma suave de desenredar y entrelazar, y con tu cabello, el más bello tejido crear. Era una especie de ritual.
Esa frase me recordó el momento en que tu alma partió en tu última exhalación. Pude ver el beso de la muerte como el más sagrado acto de compasión y de liberación, de un alma atrapada en un cuerpo que ya no tenía movimiento ni expresión. De a poquito se iba apagando ese fuego inmenso que latía en vos, mientras mi mano sostenía la tuya; tu corazón ya cansado dejó de latir, pero me permito decir que tu fuego no se apagó. Pude ver cómo ese fuego se propagó y se encendió en cada uno de tus hijos, en cada uno de tus nietos y en cada uno de tus bisnietos.
Ese día, segundos antes de tu partida…
