Vuela en paz

Esta es una de esas historias difíciles de contar, donde no sé ni cómo empezar porque no existen palabras que puedan describir algo así; y, de hecho, esto es real. No existe un nombre que lo pueda definir. Si te pones a pensar: si pierdes a tus padres, existe la palabra “huérfano”; si pierdes a una pareja, puede ser “viudo/a”. Además, creo que tiene una estrecha relación con el ciclo natural de la vida. Si bien no sé, si estamos preparados para perder a alguien más, existe una especie de ley de la muerte que tiene que ver con el orden natural de la vida.

De alguna manera la vida nos prepara para ver a nuestros abuelos, padres, amigos, partir; el tema es cuando la muerte toma una ruta inesperada o equivocada y, de repente, la vida de una hija es arrebatada. Ese dolor no tiene nombre, definición, ni descripción. De hecho, creo que es un dolor que tiene un color que solo lo puede percibir aquel que lo vio, en su corazón, latir.

Este es un homenaje a este vínculo tan mágico que existe entre una hija y su papá. Con mucho amor y respeto ilustro esta historia. Dudaba de hacerlo porque es un tema muy delicado y sagrado, pero la voz de la intuición me confesó que los dolores con amor merecen ser honrados.

Esta ilustración me llegó en una meditación. Estaba sentada, “meditando concentrada”, y de repente sentí como una inyección de inspiración que, en desesperación, pedía tener voz. Esta idea ya me había venido a visitar y yo le había dicho, con mucho respeto: “no”, que aún no me sentía preparada para ilustrarla, que la emoción era un montón, que se me estruja y se me arruga el corazón; y comprendí que esta historia de dolor estaba buscando ser ilustrada con sensibilidad, responsabilidad, amor y magia.

Esta es la historia de Benjamín y su amada hija Blanca. Una historia de mucho amor, también de dolor, de resiliencia y superación. Aunque no sé si es algo que se pueda “superar”, es más bien algo que aprendes con el tiempo a sobrellevar…

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